TUS ZONAS ERRÓNEAS ANÁLISIS
TUS ZONAS ERRÓNEAS
Dr. Wayne W. Dyer
Análisis en primera
persona sobre el contenido del libro y las lecciones aprendidas.
Introducción: Un testimonio personal.
En mi
criterio me pareció interesante la anécdota inicial sobre los alcohólicos y el
gusano debido a la ocurrencia de uno de los afectados lo que a un inicio tiene
un toque chistoso, pero en si es el comienzo de muchas dudas y diferentes
perspectivas de lo que actuamos y como pensamos.
Posteriormente
aprendo que los deseos de cambiar no se muestran, debido a nuestros propios
pensamientos que son los que nos dirigen y que si realmente deseamos hacerlo
hasta las mínimas fibras de nuestros pensamientos no evitaran hacerlo, por lo
que debemos comenzar ahí primero, por nuestra mente que no es algo de tomar a
la ligera ni tampoco tan severamente sino conforme a cómo vamos desarrollando. Las
ansias de la felicidad es algo que se va logrando mediante el constante compromiso
y el equilibrio entre las diferentes emociones en los diferentes entornos que
nos encontramos en cada día y nuestro trabajo encontrarla.
No, nos
muestra las partes más complejas o los extremos que podemos llegar como se
suele hacer… sino que muestra partes más sencillas y comprensibles para todas
las personas, mostrando que realmente lo que más nos afecta no son las cosas
grandes sino las cosas más pequeñas que de cierta manera nos encierran en
nuestra zona errónea y no nos permiten a salir más allá de lo que somos capaces
de llegar.
Los
criterios en los que separan me enseñan que la misma percepción del pensamiento
es algo que debe repetirse y aceptarse, solo así se podrá realizar un cambio,
pero no debemos olvidarnos de nuestras emociones y nuestras capacidades con
ellas. Debemos tomar en cuenta lo que dice en el libro en la pg 17: ¨TÚ ERES LA
SUMA TOTAL DE TUS OPCIONES¨ es decir que según lo que deseamos y hagamos con el
ánimo correcto, se podrá triunfar o fracasar. Pero el verdadero enfoque no se
encuentra en el pasado o el futuro sino en nuestro presente, solo así podremos
salir de nuestra zona errónea aquella que nos encierra en nuestros
comportamientos negativos.
Las 25
preguntas que se nos dieron a responder fueron golpes muy fuertes en mi realidad…
no había notado cosas que eran importantes como el amor propio, no como una
fachada sino como algo que debes sentir desde el fondo de tu corazón y alma. Me
hace preguntar ¿sí he hecho las cosas bien? O ¿Debería simplemente dejarme
llevar?, ¿Estoy haciendo lo correcto?, ¿Puedo mejorar? Y sí ¿Realmente estoy en
el camino correcto?
Debo ser
libre en muchos aspectos para llenar cada pregunta, pero ¿realmente lo seremos?
o la verdadera pregunta sería ¿Qué tan libres podemos llegar a ser en nuestros
corazones y almas? Que tan lejos podremos llegar a volar en nuestras vidas y
que es lo que dejaremos atrás.
I
HACIENDOTE CARGO DE TI MISMO
El primer paso es transformar tu
mentalidad. Tenemos la capacidad de seleccionar nuestros pensamientos, y esto
es crucial porque nuestros pensamientos generan sentimientos, y estos, a su
vez, acciones y comportamientos. Tenemos la libertad y el poder de cambiar
cualquier cosa que entre en tu mente, solo necesitas pensar en algo diferente.
Si no
controlas tus pensamientos, ¿quién lo hace? ¿Tu pareja, tu jefe, tus padres?
¡Por supuesto que no! Ellos pueden influir en ti, pero no controlar lo que
piensas. Al ser consciente de tus pensamientos, puedes elegir tus emociones sin
importar la situación que estés viviendo.
Los libros
de desarrollo personal, mentores y referentes pueden guiarte y apoyarte, pero
tu crecimiento depende de ti y tienes la libertad de elegir. Puedes quedarte en
tu zona de confort y error, o cambiar y tomar el control de tu vida. Recuerda que cada pequeño
cambio en tu forma de pensar puede tener un gran impacto en tu vida. No subestimes el poder de
la mente y cómo puede transformar tu realidad. La clave está en la
constancia y en la práctica diaria de pensamientos positivos. Rodéate de personas que te
inspiren y te motiven a ser mejor. Finalmente, confía en tu
capacidad para cambiar y mejorar continuamente.
EL PRIMER AMOR EL PRIMER AMOR ES EL
AMOR PROPIO.
En nuestra sociedad, a menudo se nos ha enseñado que el amor propio es algo negativo, que es sinónimo de egoísmo y de no pensar en los demás. Se nos dice que debemos anteponer a los demás para ser considerados “buenas personas”. Sin embargo, la realidad es que el amor propio es esencial para ser feliz en el presente. Al reconocer tu propio valor y lo bueno que eres, no necesitarás la validación de los demás.
Cuando tienes confianza en ti mismo y en tus pensamientos, no sentirás la necesidad de que los demás sean como tú. Con amor propio y seguridad en ti mismo, puedes expresar amor a los demás sin esperar una respuesta similar. Aunque desees el amor de otra persona, esto no afectará tu autoevaluación. Amarse a uno mismo implica aceptarse como ser humano, reconociendo y aceptando tanto las cualidades como las imperfecciones. Si hay aspectos que no te gustan de ti, ya sean físicos o no, puedes trabajar para cambiarlos, y lo que no puedas cambiar, aprender a aceptarlo.
El amor
propio también te permite establecer límites saludables y decir “no” a lo que
no te beneficia. Te ayuda a ser más resiliente frente a las adversidades y a
mantener una actitud positiva. Además, fomenta relaciones más auténticas y
equilibradas, ya que no dependes de la aprobación externa para sentirte
valioso. En última instancia, el amor propio es la base para una vida plena y
satisfactoria.
TÚ NO NECESITAS LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS
Este libro, escrito por Dyer mucho antes de la era de las redes sociales, contiene un capítulo que considero extremadamente relevante hoy en día. La necesidad de aprobación de los demás es equivalente a decir: "lo que tú piensas de mí es más importante que mi propia opinión sobre mí mismo". Aunque pueda parecer similar al primer capítulo, no lo es, y aquí te explico por qué.
Buscar la aprobación externa es un deseo natural; todos queremos recibir aplausos y cumplidos. El problema surge cuando este deseo se convierte en una necesidad, cuando te sientes devastado si no la obtienes, cuando no alcanzas los "me gusta" o comentarios que esperabas. Esta necesidad se basa en una suposición: "No confíes en ti mismo; confirma todo con otra persona primero". Esto otorga a los demás el poder de controlarte.
Esta necesidad no aparece mágicamente en la adolescencia; se desarrolla desde la infancia. Desde que tus padres te dicen que te vistas como quieras, pero luego critican tu elección de ropa, enseñándote que necesitas su aprobación para saber si lo que hiciste está bien. En la escuela, los mensajes de profesores, directores y compañeros refuerzan esta necesidad de aprobación.
Este ciclo es un callejón sin salida psicológico que no te lleva a ninguna parte. Es imposible vivir sin provocar la desaprobación de algunas personas; no a todos les gustará lo que haces, dices, piensas o muestras, y eso es normal. Hagas lo que hagas, no podrás complacer a todos, así que es mejor ser tú mismo y ser auténtico.
Además, la
necesidad de aprobación puede limitar tu crecimiento personal y profesional. Te
impide tomar riesgos y explorar nuevas oportunidades por miedo a la
desaprobación. Aprender a confiar en tu propio juicio y valorarte a ti mismo es
crucial para tu bienestar emocional. Al final, la autenticidad y la
autoaceptación son las claves para una vida plena y satisfactoria.
LA RUPTURA CON EL PASADO
Si
nos preguntamos quiénes somos, probablemente respondamos con una lista de
autodefiniciones que usamos habitualmente, las cuales incluyen aspectos de
nuestro pasado y los utilizamos también para describirnos en el presente, los
conocidos "Yo soy...". Es común que haya muchos "yo soy"
positivos, como "soy cariñoso", "soy amable" o "soy
bueno para jugar tenis". Sin embargo, también solemos recurrir más a los
negativos, como "soy ansioso", "soy tímido" o "soy perezoso".
Estas etiquetas personales no son intrínsecamente malas, pero pueden volverse
un obstáculo cuando limitan nuestro crecimiento y desarrollo, dando lugar a
creencias limitantes.
Estas
autodefiniciones pueden surgir de dos maneras. La primera es que provengan de
nuestro pasado, de cosas que nos dijeron de pequeños y que seguimos creyendo
hoy. Por ejemplo, cuando un padre llama a su hijo "desordenado"
repetidamente, el niño llega a creerlo, y al crecer continúa diciendo "yo
soy desordenado". La etiqueta se convierte en una excusa para evitar
cambiar. Así, una persona que no disfruta cocinar podría decir "no sé
cocinar" o "soy muy malo cocinando", lo que solo sirve para
evitar asumir la responsabilidad de cambiar.
La
clave para superar estas limitaciones está en cómo nos definimos y lo que
decimos de nosotros mismos. En lugar de decir "soy tímido", podemos
reemplazarlo por "Hasta ahora he actuado con timidez, pero ahora...".
El pasado no tiene que definir quién somos hoy. Podemos ser quienes queramos
ser, por eso es crucial, aunque difícil, ser conscientes de cómo nos
describimos. El pasado no debe definir tu presente. Te invito a que observes, a
lo largo del día, cuántas veces las personas dicen "yo soy" en sus
conversaciones. Te sorprenderás al ver cómo se autolimitan.
LAS EMOCIONES INÚTILES: CULPABILIDAD
Y PREOCUPACIÓN
Dyer
afirma que la culpa y la preocupación son dos caras de la misma moneda. Con la
culpa, desperdicias tu presente al quedarte paralizado por algo que hiciste en
el pasado, mientras que la preocupación te inmoviliza pensando en un futuro
sobre el que, generalmente, no tienes control, y que muchas veces ni siquiera
ocurre. En ambos casos, quedas atrapado en el presente sin actuar.
Reflexionar
sobre el pasado para aprender de los errores y evitar repetirlos no es lo mismo
que sentirse culpable. El problema surge cuando ese enfoque en el pasado te
impide avanzar en el presente. Además, otras personas, como familiares o
amigos, pueden usar la culpa para manipularte y obtener algo de ti. No tiene
sentido cargar con culpa; lo que está hecho no se puede cambiar, así que
aprende de ello y sigue adelante.
La
preocupación, por otro lado, te paraliza frente a algo que aún no ha sucedido,
y que tal vez nunca suceda. Es importante no confundir la preocupación con la
planificación. La preocupación solo ocurre cuando te quedas inmovilizado en el
presente por temor al futuro. Por ejemplo, en lugar de prepararte para una
entrevista de trabajo, te preocupas tanto por cómo saldrá que no haces nada. O,
si tienes muchos exámenes, te quedas diciendo que no sabes por dónde empezar en
lugar de organizarte y comenzar a estudiar.
Cuando
te sientas preocupado, pregúntate: "¿Puedo hacer algo hoy para que ese
evento futuro sea menos complicado?". Si la respuesta es "sí",
actúa y hazlo. Si la respuesta es "no", deja de preocuparte, ya que
no puedes cambiarlo. No desperdicies tu tiempo en cosas que no puedes
controlar; acepta la situación y sigue adelante.
Dyer señala que el momento presente es fundamental para entender cómo operan la culpa y la preocupación. Aprende a vivir en el "ahora" y a no perder tiempo valioso en pensamientos que te paralizan sobre el pasado o el futuro.
EXPLORANDO LO DESCONOCIDO
Desde
pequeños, culturalmente nos enseñan a optar por lo seguro y evitar exponernos a
lo desconocido, probablemente con la intención de protegernos de posibles
peligros. Sin embargo, esta enseñanza tiene consecuencias psicológicas. Nos
inculcan que siempre debemos estar preparados para enfrentar el mundo, pero
como no es posible estar listos para lo desconocido, terminamos optando por lo
que ya conocemos. Así, aprendemos que es mejor jugar seguro: si no me arriesgo,
no pierdo. Pero lo que no se nos dice es que si no arriesgas, tampoco ganas.
Muchas
personas crecen con dudas sobre sus capacidades, cuestionando si son lo
suficientemente capaces o no. La realidad es que, si no confías plenamente en
ti mismo, será difícil lograr lo que deseas. Esto explica por qué muchas
personas trabajan como empleados y comentan que "les gustaría renunciar
para abrir su propio negocio", pero no se atreven porque les enseñaron a
ir a lo seguro. Otros factores que pueden impedir que explores lo desconocido
son el miedo a salir de la zona de confort, el temor al fracaso o incluso el
perfeccionismo.
Todo
depende de ti. Ese miedo a lo desconocido que te limita está esperando ser
reemplazado por nuevas actividades emocionantes que te aporten satisfacción y
placer. No necesitas saber con certeza hacia dónde te diriges; lo importante es
estar en el camino.
ROMPIENDO LA BARRERA DE LOS
CONVENCIONALISMOS
Muchas veces seguimos reglas, normas y leyes sin
detenernos a cuestionarlas. Las sociedades y culturas están llenas de
"deberías": "deberías hacer esto", "deberías hacerlo
de tal manera", "no deberías hacer aquello". Sin embargo, la
realidad es que no existen normas ni leyes universales que siempre tengan
sentido o sean beneficiosas para todos en cualquier circunstancia. No me
malinterpreten, no promuevo la anarquía. Las leyes son necesarias y el orden es
fundamental para la convivencia en una sociedad civilizada. Pero la obediencia
ciega a los convencionalismos es algo diferente, algo que puede llegar a ser
más perjudicial que romper una ley.
Con el tiempo, muchas leyes y tradiciones se vuelven
absurdas o desactualizadas. Cuando sientes que debes seguir estas normas aunque
ya no sean funcionales o eficaces, es un indicio de que ha llegado el momento
de reconsiderar tanto las reglas como tu comportamiento. Recuerdo un ejemplo
concreto de mi vida: en los últimos años de la escuela secundaria, los
teléfonos, tablets y computadoras portátiles ya eran comunes entre los
estudiantes de mi edad, y nunca entendí por qué no nos permitían usar el
teléfono en clase. ¿Por qué tenía que hacer tareas de investigación en casa
cuando tenía acceso inmediato a toda esa información en mi bolsillo?
A simple vista, este puede no parecer un gran
problema, pero debes preguntarte cuántas veces te sientes limitado por estos
convencionalismos. Reflexiona sobre cómo estas restricciones afectan
negativamente tu vida. Te limitan cada vez que te encuentras diciendo cosas
como: "No quiero hacer esto, pero no tengo opción", "Debo hacer
esto, aunque no lo desee", o "No logro hacer esto por tal o cual
razón".
La clave es aprender a cuestionar cualquier regla que
te impongan. Desarrollar una mentalidad crítica te permitirá discernir cuáles
normas realmente tienen sentido y cuáles no. Date la libertad de cuestionar,
evaluar y decidir por ti mismo qué es lo que vas a hacer y qué no. No se trata
de desobedecer por rebeldía, sino de tomar decisiones conscientes basadas en la
lógica y en lo que realmente te beneficia a ti y a los demás. El cambio
comienza cuando te atreves a salir de la obediencia ciega y te conviertes en un
agente activo de tu propio destino.
LA TRAMPA DE LA JUSTICIA
Buscamos la justicia en todos lados, y cuando no lo conseguimos nos enojamos o nos frustramos. Pero la realidad es que la justicia no existe.
Si observas la naturaleza, si observas tu entorno, tu país, tu cultura, vas a ver que no hay justicia. En la naturaleza no es justo que un animal deba morir para que otra viva, no es justo que haya sequías, inundaciones, terremotos.
El sistema legal promete justicia y hay gente que trabaja para que sea así, pero generalmente no pasa. Los que tienen dinero no son condenados, los políticos son perdonados después de haberse demostrado que eran culpables. No es justo, pero es cierto. La exigencia de justicia no es un comportamiento neurótico. Sólo se convierte en zona errónea cuando te castigas a vos mismo con una emoción negativa por no poder ver la justicia que exiges.
La decisión de luchar contra la justicia puede ser admirable, pero tu elección de dejarte perturbar por ello es tan neurótica como la culpa, la búsqueda de aprobación y las demás zonas que mencionamos.
¿Cómo darse cuenta si esto te afecta? Fíjate cuantas veces dices frases como: “No es justo”, “Vos no tienes derecho a hacer eso si yo no puedo hacerlo” y “¿Te haría yo una cosa así a vos?”. Terminas determinando que es bueno para vos basándote en la conducta de los otros y entonces ellos pasan a estar a cargo de tus emociones, y no vos.
Los celos son una rama de la exigencia de justicia. Fíjense en las relaciones cuantas veces pasa que si “él o ella no me contesta yo no le voy a hablar antes, no es justo”, o personas que si su pareja le es infiel ellos sienten que ellos también tienen que ser infieles para equilibrar la balanza. La próxima vez que te encuentres diciendo alguna de esas frases cámbiala por “tu eres distinto a mí, aunque yo encuentro difícil aceptarlo ahora mismo”. Eso va a abrir en vez de cerrar la comunicación con la otra persona. La injusticia no es lo que cuenta sino lo que vos haces al respecto.
TERMINANDO CON LAS POSTERGACIONES
AHORA MISMO
Postergar, o como se le llama hoy en día, procrastinar,
significa que decidimos no hacer algo en este momento, sino dejarlo para más
tarde. La realidad es que la mayoría de las personas postergamos; son muy pocos
los que pueden decir sinceramente que no lo hacen. Además, si eres de los que
procrastinan, seguro no disfrutas de la ansiedad que esto genera. Postergar
provoca culpa y malestar. Quiero que comprendas dos cosas. Primero, la
postergación en sí misma no existe, es solo un concepto mental: simplemente,
algunas tareas no están hechas, pero eso no significa que se hayan
"pospuesto". Segundo, las cosas no se resuelven por sí solas. Nadie
ha logrado nada esperando pasivamente a que los problemas desaparezcan. Si no
haces nada, todo seguirá igual que ahora.
Para vencer la procrastinación, es crucial reconocer
que el simple hecho de retrasar las cosas es una elección, una decisión
consciente que tomamos en el momento. Lo que realmente importa es el compromiso
de pasar a la acción, aunque sea de manera gradual. No necesitas hacer todo de
golpe, pero sí es vital dar el primer paso, por pequeño que sea. La sensación
de avance, aunque mínima, puede romper el ciclo de postergación.
Además, reflexiona sobre las consecuencias a largo
plazo de no actuar hoy. ¿Cuánto tiempo más vas a permitir que la
procrastinación te impida alcanzar tus objetivos? Visualiza el impacto positivo
de completar las tareas pendientes y cómo eso reducirá tu estrés y ansiedad. No
se trata de ser perfecto, sino de avanzar, porque el simple hecho de comenzar
es la clave para romper con ese hábito de posponer.
PROCLAMA TU INDEPENDENCIA
Ser
psicológicamente independiente significa estar completamente libre de cualquier
relación que sientas como una obligación, lo que te permite ser quien realmente
deseas ser. En este contexto, Dyer se centra en la dependencia emocional dentro
de las relaciones. A menudo, en nuestras relaciones, el amor puede volverse
forzado, transformándose en una carga, lo cual puede ocurrir en todo tipo de
vínculos: con parejas, padres, hijos o hermanos. Es fundamental cultivar un
amor libre y sano, en el que se ame sin condiciones ni ataduras. Estar en
relaciones constantes con personas cercanas no es negativo en sí mismo, pero el
problema surge cuando esas relaciones se convierten en una necesidad emocional,
haciendo que dependas de los demás para sentirte completo, olvidando que la
verdadera felicidad reside dentro de ti mismo.
La
clave para evitar esta zona errónea es aprender a amar sin expectativas y sin
sentir que necesitas a los demás para ser feliz. En lugar de buscar en el
exterior lo que te falta, es esencial que desarrolles tu propio sentido de
seguridad emocional. La independencia emocional no significa alejarse de los
demás, sino estar en relaciones porque quieres, no porque lo necesitas. La
libertad emocional se basa en reconocer que puedes disfrutar de los vínculos,
pero que tu bienestar no depende de ellos.
Este
enfoque también es vital en la crianza de los hijos. Los padres deben preparar
a sus hijos no solo para ser independientes físicamente, sino también
emocionalmente, de modo que cuando llegue el momento de dejar el hogar, lo
hagan con confianza en sí mismos. Para las parejas, Dyer ofrece valiosas
enseñanzas sobre cómo construir una relación sana y feliz, donde ambos puedan
crecer individualmente sin depender emocionalmente del otro. De esta manera,
las relaciones se fortalecen, y cada persona puede aportar lo mejor de sí misma
sin sentir la presión de "completar" al otro.
ADIÓS A LA IRA
a ira y el mal humor son aspectos de tu personalidad
que generalmente no te agradan y que, evidentemente, tampoco son bien recibidos
por los demás. La ira no es precisamente una emoción “muy humana” en el sentido
positivo; no tiene un propósito constructivo y, en realidad, no tienes por qué
experimentarla. Se considera una zona errónea, similar a una gripe psicológica
que te incapacita y te impide actuar de manera efectiva. La ira es paralizante
y surge como respuesta a situaciones en las que algo que esperabas no se
cumple. No se trata solo de enojo o irritación, sino que puede manifestarse
como rabia o agresividad hacia alguien o algo. De hecho, una ira intensa puede
considerarse una forma de locura, ya que perder el control sobre tu
comportamiento es un signo de inestabilidad emocional.
Lo más positivo de todo esto es que la ira es una
elección y un hábito, una reacción que hemos aprendido y que, por tanto,
podemos desaprender. Al igual que con cualquier otro hábito, la ira puede ser
transformada. En lugar de optar por la ira, puedes empezar a ver a los demás
como personas que tienen derecho a ser diferentes de lo que deseas que sean.
Reconocer que no puedes controlar a los demás es esencial; ellos, al igual que
tú, son libres de ser quienes deseen ser, y es fundamental aprender a aceptar esta
realidad.
Además, al aceptar esta diversidad, puedes desarrollar
una mayor empatía y comprensión hacia los demás. Esto no solo te ayudará a
manejar tus propias emociones de manera más saludable, sino que también
facilitará interacciones más positivas. Cuando dejas de lado la ira, abres la
puerta a la paz interior y a relaciones más armoniosas. Con el tiempo, al
practicar la aceptación y la empatía, te volverás más resiliente frente a las
frustraciones de la vida, lo que te permitirá enfrentar los desafíos con una
perspectiva más equilibrada y constructiva.
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